miércoles, 15 de abril de 2009

Dime cómo legislas y te diré quién eres


No dudo que estimular el compromiso de la participación ha de ser uno de nuestros grandes objetivos de cara al futuro. Para esto será imprescindible promover las reformas que favorezcan la transmisión fluida de información, la comunicación en red, el diálogo directo entre los ciudadanos y los poderes públicos, que incremente el capital social y democrático, que refuerce los espacios colectivos o que impulsen el voluntariado.

La política democrática no puede reducirse a mostrar periódicamente su acuerdo o no con las decisiones de los gobernantes, es la ciudadanía la que tiene que hacer aflorar las prioridades, aspirar a conformarlas. Tiene que estimular que quienes deciden escuchen a todos, tengan disposición para llegar a acuerdos, tiene que poner en valor el diálogo.

La democracia exige gobernar respondiendo a los ciudadanos, que se dibuje un rumbo claro y que se explique, porque la responsabilidad requiere el cumplimiento de promesas, y, por supuesto, la cercanía a la gente.

Todos nuestras autoridades deben rendir cuentas sobre las decisiones a las que se enfrentan, sobre las opciones entre las que deciden, sobre las políticas que aplican y sobre cómo las aplican.

Creo que en Chile tenemos un tremendo déficit democrático, hay déficit de valoración de los ciudadanos. Siento que tenemos que reponer lo ciudadano como eje de la acción política, recobrando el valor real de la ciudadanía como sujeto y objeto en la construcción de una sociedad más democrática, igualitaria y justa.

En el Diario La Nación apareció un interesante articulo que muestra la nula existencia de mecanismos institucionales de participación ciudadana en la labor legislativa y que devela cual es el real compromiso democrático de nuestros actuales legisladores. Este es el texto:


OBSERVATORIO CIUDADANO
Dime cómo legislas y te diré quién eres
Por Carolina Carrera, sicóloga y subdirectora de Corporación Humanas

En tiempos electorales siempre es bienvenido el escrutinio público de la actividad política, en especial si se trata de develar esa ingrata distancia entre el dicho (la campaña) y el hecho (el ejercicio del cargo). La mala noticia para la ciudadanía que deberá escoger en diciembre a sus representantes en el Congreso es que no existen mecanismos institucionales de participación ciudadana en la labor legislativa. La buena, que sí disponen de seguimientos ciudadanos como nuestro Observatorio Parlamentario, que por tercer año consecutivo ha detectado síntomas peligrosos de enclaustramiento en el Legislativo y conductas poco comprometidas con la democracia y los derechos humanos.

¿Cuál piensa usted que es el sector más escuchado en el Congreso? Los empresarios. A la hora de invitar a instituciones y organizaciones a exponer sobre materias que se legislan, la cuarta parte de las entidades recibidas por el Senado para la tramitación de proyectos de ley en 2008 correspondió a empresas y a organizaciones gremiales empresariales. Peor fue en la Cámara de Diputados, donde un tercio de los organismos escuchados correspondió a entidades empresariales.

Otro dato: ¿quién no ha escuchado las buenas intenciones de los candidatos al Congreso cuando hablan de democracia y derechos humanos? Pero en el último año se han aprobado diez proyectos sobre institucionalidad de DDHH, tratados internacionales, derechos civiles y políticos, así como derechos económicos, sociales y culturales, pero otros 25 están sin avance.

Más magro se devela el compromiso democrático de los legisladores tomando en cuenta la forma en que votaron durante la tramitación de 21 tratados internacionales y proyectos de ley relevantes para la profundización de la democracia y la protección de los derechos humanos. Según nuestro seguimiento a la votación de los proyectos, sólo catorce diputados demostraron un máximo nivel de compromiso, mientras 25 legisladores, todos ellos de la Alianza, cayeron en los niveles más bajos de compromiso con estos derechos. En el caso de los/las senadores/as, aplicamos una encuesta para conocer su disposición a votar diez proyectos y tratados, como la Corte Penal Internacional, la iniciativa ciudadana de ley, la paridad y la legalización del aborto terapéutico. Sólo cinco manifestaron su disposición a votar favorablemente todas las iniciativas, siete resultaron evaluados como "mediana o débilmente comprometidos" con los derechos humanos y la profundización de la democracia, y trece se ubicaron como "sumamente comprometidos" con dichos principios.

A partir de estos datos sería interesante escuchar los compromisos de campaña de la inmensa mayoría de parlamentarios que va a la reelección y contrastarlos con la forma en que han votado durante sus largos años de ejercicio. Ojo, Chile requiere un Congreso capaz de cumplir con los compromisos de los que se ha hecho parte nacional e internacionalmente al suscribir tratados y acuerdos para elevar sus estándares democráticos.

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